En esta fiesta de la vida, hay días que te invitan a ser más dueño de ti mismo y la propia emocionalidad. Dicho en corto: días grises. Ayer lunes, ha sido uno de ellos.

Un «mal lunes». De esos que no se permiten quienes viven bajo la «tiranía de los hipermotivados» y que te requieren un 200% de paz mental y enfoque; ¡no vaya a ser que dejas de ser productivo por unas horas!…

Un lunes con «mucho ruido». Se podían incluir en el baile los eventos que generan rabia, tristeza o ambas…(Las muertes a manifestantes en Ecuador, Las bombas de fósforo -prohibidas por la UN- de Turquía en Siria, Los oídos sordos de China con Hong Kong y sentencias que evidencian mediocridad política en España y el ojo que ha perdido un joven en por manifestarse en el Aeropuerto de El Prat) Y, con todo, puedes estar sordo a todo ello y «cancelar el ruido»… ¡No vaya ser que duela demasiado constatar tanta ausencia de amor! 

Sin embargo, mientras sepamos que somos dueños de nuestra interpretación del mundo y nos quede coraje, podemos mirar de frente cada acontecimiento, no tener miedo a sentir esa rabia, esa tristeza y transformarlas en determinación para «tomar responsabilidad sobre nuestro metro cuadrado». Entonces, habrá sido un lunes que da paso a espacios de compromiso y transformación: para un martes de acción más coherente. 

Un «buen martes». Que implique una recualificación de lo que representa la dignidad de ser humano.

Un martes cálido y luminoso, donde se viva un nivel de colaboración con más propósito en nuestras organizaciones. Para hacerlo real, te presento este bellísimo concepto: la Vida Social Sana. 

y ¿cómo se expresa la Vida Social Sana en las organizaciones?  En las «redes conversacionales» que incluyen las relaciones de poder, la capacidad de hablar del dolor, el saber pedir y el poner límites, -entre otros…

Los elementos que configuran una vida social sana son los mismos que hablan de un adulto emocionalmente maduro-. Aspectos que son «informados» por la cultura en la que crecemos y por la consciencia que ponemos al conocimiento de sí mismo a partir de nuestras relaciones.

Como mánagers y líderes, nuestra contribución a una «vida social sana» dentro de la organización configura ese «metro cuadrado» de influencia. 

Que un mal lunes se convierta en un buen martes, es en si mismo un «paso de un umbral», un morir a nuestras reacciones y apatías para dar luz a nuevas interpretaciones y compromisos guiados desde el amor. 

Que la indignidad que vemos en el mundo, encuentre nuestro actuar virtuoso y responsable; y si ese reflejo es inspiración para otros, bienvenido.